LAS LABORES

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la segadora

 

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la era

 

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zoqueta y corbella

 

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trilla con trillo

 

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la primera trilladora

 

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mi padre y yo trillando

 

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segar hoy

 

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los aperos

 

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talega y almud

 

Los hornos y el proceso de la panificación

DESDE LA SIEMBRA AL PAN

 Un breve relato por palabras o conceptos clave en estas labores.

 El estiércol: está formado por deyecciones y orinas de los ganados, la paja, hojas secas y demás materias que se emplean para cama. Era el abono más empleado.

 El barbecho: consistía en dejar descansar las tierras de labor durante un tiempo determinado. Durante el descanso, se dan dos o tres labores (labranzas y otras faenas) a las tierras a fin de que fertilizaran con la influencia de las lluvias, el aire y otros agentes atmosféricos. Preferiblemente se hacía una rotación de cosechas alternando plantas de raíces de profundidad distinta (para absorber por zonas). También se hacía el cultivo alternado de plantas mejorantes, es decir, aquellas que como los garbanzos o el trébol, eran ricas en nitrógeno (absorbían nitrógeno y éste quedaba en sus raíces abonando las tierras).

 Las labores que se hacían a las tierras eran varias destacando la labranza. Tenían como objeto dejar las tierras listas para recibir correctamente el agua, el aire, el sol, los abonos, eliminar las malas hierbas y posteriormente depositar las semillas (el sembrado) y por último la cosecha. Para ello se utilizaba los arados, las azadas, la hoz o corbella para nosotros. Esta última se utilizaba más para escardar y sobre todo para segar.

 El arado era la herramienta fundamental del agricultor con ella se podía remover y voltear una capa más o menos profunda de la tierra de labranza. El arado más empleado era el romano (Véase el gráfico). Los arados eran arrastrados por caballerías (mulos), no sin las atentas y pesadas maniobras del agricultor. Se debía labrar con dos mulos, dada la dureza de estas tierras, y se necesitaba el yugo donde se enganchaba el timón del arado.

 La siembra: Para sembrar se reservaban las mejores semillas de la cosecha anterior. También era necesario, a veces y según posibilidades, desinfectar las semillas. Esto se solía hacer con cal viva disuelta en agua para el trigo y con sulfato de cobre para los garbanzos. El trigo, por ejemplo, se sembraba en otoño. Se sembraba a voleo: se echaba en la "sembrera" (como una espuerta) el grano. Una soga o vencejo de esparto desde una asa al hombro y una mano sujetaba la otra. Con la mano libre se esparcía el grano.

 Las escardas: eran necesarias para quitar las hierbas perjudiciales allá por primavera después de las primeras lluvias. . Para escardar (quitar los numerosos cardos) se utilizaba un palo con forma horquilla en un extremo con el que se sujetaba el cardo, mientras se cortaba con la corbella.

 La siega: Supone la recolección del trigo u otros cereales. Se hacía en los meses de julio y primera mitad de agosto dependiendo del tiempo. Las plantas se segaban con las hoces o corbellas, (guadañas si era alfalfa) y más tarde con máquinas segadoras. La primera máquina segadora que vino a Campillos la compró mi abuelo Julián Almonacid allá por 1955 y costó 5000 ptas.  de entonces. Se traccionaba también con caballería. Cortaba bien el tallo o caña pero la dejaba toda desordenada y se tardaba mucho en hacer los haces. Aún así se ahorraba más tiempo y se rentabilizaba el esfuerzo. El papel de la mujer era el mismo que el hombre. La intendencia, es decir, llevar la comida y agua se encargaba a las abuelas o hijas menores (que también cuidaban a los más pequeños en casa). Tal era la faena que, cuando el rocho estaba lejos del pueblo, muchos dormían en el campo para poder estar a primeras horas de día en la labor.

 La zoqueta: La siega a mano consistía en coger un puñado de mies con una mano y cortarla con la corbella con la otra mano. A tal efecto se llevaba en la mano izquierda la zoqueta, una especie de guante de madera donde se introducían los dedos meñique, anular y medio y se ataba a la muñeca. Se dejaba el tallo cortado a una altura de cuatro dedos denominándose rastrojo a lo que quedaba en tierra. Se debía ir agachado en todo el tiempo y se solía decir “bajar el codo” para cortar lo más raso posible pues más paja habría para los animales. Más de uno se propició cortes pero un poco de saliva, tierra y alguna hierba eran suficientes para seguir. Se cortaba siguiendo el surco o chambergo.

El mayoral: La siega era un proceso muy pesado y el mayoral era el que marcaba el ritmo de la siega. Cada uno de los segadores se colocaba en un surco distinto a la derecha del mayoral. El mayoral cortaba por su surco y cada cierta distancia daba dos golpes o cortes en el surco de al lado y volcaba la mies cortada sobre la tierra. Ese punto era el lugar donde todos los demás segadores debían ir depositando lo que cortaban y de este modo se formaban las gavillas. Cada segador cortaba lo que le cabía en la mano izquierda dejándolo en el lugar marcado para formar la gavilla. Para ello se iba acumulando lo cortado en la mano de la zoqueta, cuando había una cantidad de tallos que no cabía entre la zoqueta y el dedo pulgar e índice y, para que cupiese más, se hacía un hacecillo con dos o tres tallos que rodeaban lo cortado hasta entonces y el dedo índice lo sujetaba así hasta que ya no se podía llevar más. El segador o segadora más joven o menos experto se solía colocar detrás del mayoral, es decir el surco primero o el de al lado, con lo que a cada cierta distancia se encontraba ya segado los dos golpes que el mayoral había dado para dejar las gavillas. El último segador, el que va por el surco más alejado del mayoral, era el que más debía trabajar o ser más hábil.

Los haces: Luego venían los que hacían los haces formados con la recogida de varias gavillas. Cuando eran pocos haces se podían cargar directamente en el carro para llevarlos a la era.  No obstante lo más normal era amontonar los haces en la finca y luego llevarlos. Para ello se formaba una trena (o tresnal). La trena consistía en disponer los haces uno tapando parcialmente el otro de tal modo que las espigas de uno estaban cubiertas por los tallos del otro y así se formaba una especie de círculo y, sobre este, otro y así hasta amontonar todos. Así se aseguraba que, en caso de lluvia, ninguna espiga se mojara con la consiguiente pérdida.

La era: Todos los haces se llevaban a la era. Se trata de un espacio de terreno llano y compacto a las afueras del pueblo. En uno de sus extremos estaba el pajar, una edificación muy simple de cuatro paredes de piedra, una puerta y el tejado todo ello sin gastar apenas nada de material: piedra, madera y cañas. Los haces que se recogían de los distintos campos segados se iban amontonando en una esquina de la era formando una hacina. La hacina tenía una forma de casa. Se formaba disponiendo los haces en filas uno frente a otro, con las espigas en el centro y dejando los tallos hacia el exterior y así se iban amontonando verticalmente. Los últimos haces se disponían formando una especie de tejado dejando siempre las espigas cubiertas. Para trillar se iba cogiendo de un lado y de esta formación dejando siempre esa estructura de casa con su tejado particular. Esto aseguraba que la inesperada tormenta de verano no estropeara el grano Se podía amontonar toda la cosecha, por ejemplo,1500 haces que era una cantidad razonable para aquella época y en una familia bien. Como es lógico, el tamaño de la hacina decía de la riqueza del propietario.

 La trilla: El producto de la siega (conjunto de tallos y espigas) se esparcía por la era y tenía por objeto sacar los granos de las espigas, es decir, el desgranado. Para ello se pasaba un trillo arrastrado por los mulos que daban vueltas y vueltas alrededor de la era pisando la mies. El trillo era una plataforma de tres tablas de madera con piedras de pedernal clavadas en su parte inferior que hacían el efecto de pequeños cuchillos que partían los tallos y entre tabla y tabla y a lo largo se colocaba una sierra o lámina metálica dentada. Cuando ya se consideraba bastante machacados los tallos y separado el grano de la paja se recogía en un montón alargado, a lo ancho de la era, llamado pez y después se aventaba utilizando las orcas de madera. Cuando el grano era muy evidente y quedaba poca paja para aventar se empleaba la pala también de madera y plana. El aventado consistía en lanzar al aire el conjunto machacado y al caer se separaba el grano de la paja por acción del viento. Finalmente para que quedará limpio del todo se pasaba por el arel (una criba o cernedor) . Con el fin de facilitar la criba se ataba el arel a una orca  por un extremo y asía por el otro, de esta forma una sola persona podía hacer esta faena. Posteriormente se metía el grano en las talegas para llevarlas a la casa y guardar el grano en la troje (una especie de balsa de obra) que había en la cámara, o parte superior del edificio directamente bajo el techo (cada saco o talega eran 66 kilos), reservando los mejores granos para la próxima cosecha. La paja se metía en el pajar que estaba en la misma era y de allí se iba sacando según necesidades de las caballerías. La parva era la cantidad de mies que daba tiempo a trillar en día, unos 120 haces.

Fue por la década de 1960 cuando llegó la primera trilladora contratada por Santiago Hinarejos que, en las eras altas, en poco tiempo se desgranaban las espigas, se cortaban los tallos y quedaba separado el grano de la paja. 

El pan. Buena parte del trigo se guardaba para ir consumiendo su harina en hacer pan. Primeramente se llevaba el tigo para molerlo en el molino del tío Heliodoro, que entonces había al lado del puente sobre el río Cabriel, o en el del tío Vicente situado bajo el castellar cerca del río. Con la harina, agua y levadura se formaba la masa. Se amasaba en la artesa  que era un cajón de madera con tapa de modo que a fuerza de mojarse la madera estaba hinchada y satinada hasta tal punto que no dejaba escapar el agua. Cuando la masa estaba apunto se llevaba al horno (algunos tenían horno en la propia casa). En el horno se cogía vez para utilizarlo y se pagaba con lo que se denominaba “la poya”, es decir, una porción de masa equivalente al pan que se cocía (podrá ser algo así como que de cada 15 panes dabas uno). Con los panes cocidos se volvía a casa y se guardaba en la misma artesa. Estos panes duraban una semana sin que se endureciera, hasta la próxima hornada. La levadura se hacía reservando un poco de masa envuelta en harina que se utilizaba en el próximo amasado. Esta levadura permitía que la masa creciera y diera carácter “esponjoso” al pan. Haz clic en el siguiente enlace para saber algo más sobre Los hornos y el proceso de la panificación

 

 

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